La pintura es de Zhou Fang. Din. Tang
CHUANG – TZU

Versión castellana de Alex Ferrara a partir de la traducción del chino al inglés de Burton Watson.

© Alex Ferrara

 

NEI- P´IEN, "CAPÍTULOS INTERIORES"

I - II - III - IV - V - VI - VII

 

ÍNDICE TAOÍSMO

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo I

 

DEAMBULAR LIBRE Y FÁCIL

 

 

 

En la oscuridad septentrional hay un pez y su nombre es K’un (1). K’un es tan enorme que mide no sé cuántos “li”. Cambia y se convierte en un pájaro cuyo nombre es P’eng. El lomo de P’eng mide no sé cuántos miles de “li” de ancho y, cuando se eleva y se aleja volando, sus alas son como nubes que cubren todo el cielo. Cuando el mar comienza a agitarse (2), este pájaro parte hacia la oscuridad del sur, que es el Lago del Cielo.

La Armonía Universal (3) da cuenta de varias maravillas y dice: “Cuando el P’eng viaja a la oscuridad meridional, las aguas se enturbian por tres mil li. Arma un torbellino y se eleva noventa mil li, partiendo en el temporal del sexto mes”. Fluctuante es el calor, las partículas de polvo, las cosas vivas soplándose unas a otras, y el cielo siempre azul. ¿Es ése su verdadero color, o es porque está tan lejos y no tiene fin? Cuando el pájaro baja la mirada, todo lo que ve también es azul.

Si el agua no se acopia con la suficiente profundidad, no tendrá la fuerza para sostener un gran barco. Vierte una copa de agua en un hueco del piso y las basuritas navegarán en ella como barcos. Pero pon la copa allí y se le pegará rápidamente, porque el agua es demasiado escasa y el barco demasiado grande. Si el viento no se acopia con la suficiente profundidad, no tendrá la fuerza para sostener grandes alas. Por lo tanto, cuando el P’eng se eleva noventa mil li, debe tener al viento debajo de él de este modo. Sólo así puede montarse a la espalda del viento y hombrear el cielo azul, para que nada lo obstaculice ni entorpezca. Sólo entonces podrá fijar sus ojos en el sur.

La cigarra y la palomita se ríen de esto y dicen: —Cuando nos esforzamos y volamos, podemos llegar hasta el álamo o el sapán, pero a veces no lo logramos y nos caemos al suelo. ¿Cómo va a ser posible entonces que alguien vaya noventa mil li al sur?!

Si partes a los verdes bosques vecinos, puedes llevarte alimentos para tres comidas y regresar con el estómago repleto. Si te alejas cien li, debes moler tu grano la noche anterior; y si te alejas mil li, debes comenzar a aprovisionarte con tres meses de anticipación. ¿Qué pueden comprender estas criaturas? Una comprensión limitada no puede compararse con una gran comprensión; los que tienen vidas cortas no pueden compararse con los longevos.

¿Cómo sé que esto es así? El hongo de la mañana no sabe nada del alba y del amanecer; la cigarra estival no sabe nada de primaveras y otoños. Tienen vidas cortas. Al sur de Ch’u hay un ciempiés que contabiliza quinientos años como una primavera y quinientos años como un otoño. Hace muchos, muchos años había una gran rosa de Sharon que contabilizaba ocho mil años como una primavera y ocho mil años como un otoño. Son longevos. Sin embargo, Peng-tsu (4) sólo es famoso hoy en día por haber vivido mucho tiempo, y todos tratan de mofarse de él. ¿No es acaso lamentable?

Entre las preguntas de T’ang a Ch’i encontramos lo mismo (5). En el norte yermo y desnudo hay un mar oscuro, el Lago del Cielo. En él hay un pez que mide varios miles de li de ancho, y nadie sabe cuánto de largo. Su nombre es K’un. También hay un pájaro allí, llamado P’eng, con un lomo como el Monte T’ai y alas como nubes que llenan el cielo. Arma un torbellino, salta en el aire, y se eleva noventa mil li, atravesando las nubes y la niebla, hombreando el cielo azul, luego vuelve sus ojos al sur y se prepara para viajar a la oscuridad meridional.

La pequeña codorniz se ríe de él, diciendo: —¿Adónde se cree que va? Yo doy un gran salto y remonto vuelo, pero nunca me desplazo más de diez o doce yardas antes de bajar aleteando entre yuyos y zarzas. Y además ése es el mejor tipo de vuelo! ¿Adónde se cree que va ése?—. Tal es la diferencia entre lo grande y lo pequeño.

Por lo tanto, un hombre con la sabiduría suficiente como para ocupar un cargo efectivamente, con la buena conducta suficiente para impresionar a una comunidad, con la virtud suficiente para satisfacer a un soberano, o con el talento suficiente para ser convocado al servicio de un estado, tiene el mismo tipo de orgullo de sí mismo que estas pequeñas criaturas. Sung Jung-tzu (6) se moriría de risa ante un hombre así. El mundo entero podía alabar a Sung Jung-Tzu y ello no lo haría sobre exigirse; el mundo entero podía condenarlo y él no se mosquearía. Trazaba una línea clara entre lo interno y lo externo, y reconocía las fronteras de la gloria verdadera y de la desgracia. Pero eso era todo. Así como iba el mundo, él ni se agitaba ni se preocupaba, pero había tierra que aún dejaba sin remover.

Lieh Tzu (7) podía cabalgar el viento y planear hábilmente entre la brisa fresca, pero después de quince días retornaba a la tierra. Mientras proseguía la búsqueda de la buena fortuna, no se agitaba ni se preocupaba. Había superado el escollo de caminar, pero aún tenía que depender de algo para movilizarse. Si sólo hubiera montado en la verdad del Cielo y de la Tierra, si hubiese cabalgado los cambios de las seis respiraciones, y vagado así a través de lo ilimitado, entonces ¿de qué habría tenido que depender?

Por lo tanto, digo, el Hombre Perfecto no tiene un sí mismo; el Hombre Santo no tiene mérito; el Sabio no tiene fama.(8)

***

Yao quería cederle el imperio a Hsü Yu. —Cuando ya han salido el sol y la luna —dijo— es un desperdicio de luz seguir quemando antorchas, ¿no es verdad? Cuando las lluvias estacionales caen, es un desperdicio de agua seguir irrigando los campos. Si subieras al trono, el mundo estaría bien ordenado. Yo sigo ocupándolo, pero lo único que puedo ver son mis errores. Ruego poder pasarte el mundo a ti.

Hsü Yu dijo: —Gobiernas el mundo y el mundo ya está bien gobernado. Ahora, si tomo tu lugar, ¿lo haría por renombre? Pero el renombre no es más que el huésped de la realidad- ¿lo haría para poder actuar el rol del huésped? Cuando el pájaro sastre construye su nido en la profundidad del bosque , no usa más que una rama. Cuando el topo bebe en el río, no toma más de lo que entra en su vientre. Ve a casa y olvídate del asunto, señor mío. ¡No sirvo para el liderazgo del mundo! Aunque el cocinero no ordene bien su cocina, el sacerdote y el representante del muerto en el sacrificio no saltan sobre los cascos de vino y los altares sacrificiales para ir a ocupar su lugar.(9)

***

Chien Wu le dijo a Lien Shu:

— Estaba escuchando a Chieh Yü. Sus palabras no dicen nada que lo respalde, sigue y sigue sin siquiera darse vuelta. ¡Sus palabras me han dejado mudo, sin más fin que la Vía Láctea, salvaje y anchurosa, sin acercarse jamás a los asuntos humanos!.

—¿Cómo eran sus palabras? —preguntó Lien Shu.

—Dijo que hay un Hombre Santo que vive en la lejana Montaña Ku-she, con una piel como el hielo o la nieve, suave y tímido como una doncella. No se alimenta de los cinco granos, pero mama del viento, bebe el rocío, trepa sobre las nubes y la niebla, monta un dragón alado, y deambula más allá de los cuatro mares. Concentrando su espíritu, puede proteger a las criaturas de la enfermedad y de la plaga y lograr que la cosecha sea abundante. Pensé que todo esto era una locura y me negué a creerlo.

— ¡No me quedan dudas! —dijo Lien Shu—. No podemos esperar que un ciego aprecie los bellos diseños ni que un sordo escuche las campanas y los tambores. Y la ceguera o la sordera no están confinadas sólo al cuerpo, la comprensión también las tiene, como acaban de demostrar tus palabras. Este hombre, con su virtud, está por abrazar los diez mil seres y arrollarlos en uno. Aunque los tiempos piden una reforma, ¿por qué habría de agotarse con los asuntos del mundo? No hay nada que pueda dañar a este hombre. Aunque se apilen las aguas hasta el cielo, no se ahogará. Aunque una gran sequía derrita el metal y la piedra y abrase la tierra y las colinas, él no se quemará. ¡Sólo con sus cenizas y sus restos podrías modelar un Yao o un Shun! ¿Por qué habría de consentir en preocuparse por meras cosas?

***

Un hombre de Sung que vendía sombreros ceremoniales viajó a Yüeh, pero la gente de Yüeh lleva el cabello corto, se tatúa el cuerpo y no usa tales cosas. Yao trajo orden a las gentes del mundo y dirigió el gobierno de todo lo que se halla entre los mares. Pero fue a ver a los Cuatro Maestros de la lejana Montaña Ku-she, y al regresar al norte del Río Fen, estaba tan obnubilado que había olvidado su propio reino allí.

***

Hui Tzu (10) le dijo a Chuang-Tzu:

—El Rey de Wei me ha dado algunas semillas en una gran saca. Las he plantado, y cuando crecieron, el fruto era tan grande que podía contener cinco pículas (11) He tratado de usarlo como recipiente para agua pero era tan pesado que no podía levantarlo. Lo he cortado al medio para hacer vasijas, pero eran tan enormes e incómodas que no podía meterlas en lugar alguno. No porque las calabazas no fueran fantásticamente grandes, pero he decidido que no servían para nada y las he destrozado.

Chuang-tzu dijo:

— ¡Ciertamente eres un estúpido cuando se trata de utilizar grandes cosas! En Sung había un hombre hábil para fabricar un ungüento que evitaba la sequedad de las manos, y generación tras generación su familia se ganó la vida blanqueando seda en el agua. Un viajero escuchó acerca del ungüento y le ofreció comprarle la fórmula por cien medidas de oro. El hombre reunió a toda su familia: —Durante generaciones hemos blanqueado seda, y nunca hemos obtenido más que unas pocas medidas de oro, dijo. —Ahora, si vendemos nuestro secreto, podemos ganar cien medidas en una mañana. Entreguémoselo! El viajero obtuvo el ungüento y se lo presentó al rey de Wu, quien tenía conflictos con el estado de Yüeh. El rey puso al hombre a cargo de sus tropas , y ese invierno libraron una batalla naval con los hombres Yüeh y les dieron flor de paliza (12). Se le adjudicó al hombre una porción del territorio conquistado como feudo. El ungüento había tenido el poder de evitar que se cuartearan las manos en ambos casos, pero un hombre lo usó para obtener un feudo mientras que el otro nunca llegó más allá de blanquear seda- porque lo utilizaron de maneras distintas. Ahora bien, tu tenías una calabaza tan grande que podía contener cinco pículas. ¿Por qué no pensaste en convertirla en una gran tina para que pudieras flotar por los ríos y lagos, en lugar de preocuparte porque era demasiado grande e incómoda para meterla en lugar alguno? Obviamente tienes aún muchos yuyos en la cabeza!

***
Hui Tzu le dijo a Chuang Tzu:

—Tengo un árbol grande del tipo denominado shu. Su tronco es demasiado retorcido y nudoso para medirlo con una cinta de medición y sus ramas demasiado vencidas y deformadas para aplicarles una escuadra. Podrías pararte al costado del camino y ni un solo carpintero lo miraría dos veces. ¡Tus palabras también son grandes e inútiles, y entonces todos las rechazan por igual!

Chuang Tzu dijo:

—Quizás nunca hayas visto un gato montés o una comadreja. Se agazapa y se esconde, esperando que algo se acerque. Salta y corre al este y al oeste, sin dudar en subir o bajar, hasta que cae en la trampa y muere en la red. Luego tienes también el yak, grande como una nube que cubre el cielo. No hay duda de que sabe cómo ser grande, aunque no sabe cazar ratas. Ahora tienes este gran árbol y te acongojas porque es inútil. ¿Por qué no lo plantas en la Villa de Ni Un Poquito o en el Campo de lo Ancho y lo Ilimitado, te relajas y no haces nada a su lado, o bien te acuestas y duermes libre y fácilmente? Las hachas jamás acortarán su vida, nada podrá jamás dañarlo. Si carece de uso, ¿cómo podría sufrir o sentir dolor?

NOTAS:

(1) K’un significa “hueva de pez”, o sea lo más pequeño, el origen del pez. Empieza así Ch' T con una paradoja: el pez más grande es el más pequeño. Volver al texto

(2) Probable referencia a un cambio estacional en las mareas o en las corrientes. Volver al texto

(3) Identificado como el nombre de un hombre o el nombre de un libro. Probablemente Chuang-tzu lo menciona como libro y se burla de los filósofos de otras escuelas que citan textos antiguos para probar sus aseveraciones. Volver al texto

(4) Una especie de Matusalén chino que se dice vivió desde el siglo XXVII al VII a.c. Volver al texto

(5) El texto quizás esté corrupto aquí. El Pei-shan lu, una obra escrita hacia el 800 d.c. por el monje Shen-ch’ing, contiene el siguiente pasaje: “Chuang-tzu: ‘ T’ang le preguntó a Ch’I: Arriba, abajo, y las cuatro direcciones tienen un límite?. Y Ch’I respondió: Más allá de lo ilimitado hay otra instancia de falta de límites’”. Pero no sabemos si ete pasaje se encontraba en el Chuang-tzu original ni si aún perteneciendo al mismo, se encontraba en este lugar del texto. Volver al texto

(6) Mencionado en otros textos del periodo como Sung Chien o Sung K’eng. Según el capítulo 33, enseñó una doctrina de armonía social, frugalidad, pacifismo y rechazo de los convencionalismos del honor y la desgracia. Volver al texto

(7) Lieh Yü-k´ou, un filósofo taoísta mencionado frecuentemente en el Chuang tzu. El Lieh tzu, una obra que se le atribuye, es de fecha incierta y no adoptó su forma actual hasta el siglo III o IV d.C. Volver al texto

(8) No tres categorías distintas sino tres nombres para la misma cosa. Volver al texto

(9) O bien, siguiendo otra interpretación: “el sacerdote y el representante del muerto no le arrebatan los cascos de vino y su tabla de picar para ocupar su lugar.” Volver al texto

(10) El lógico Hui Shih quien, tal como señaló Waley, en el Chuang tzu “representa la intelectualidad como opuesta a la imaginación”. Volver al texto

(11) SHIH: antigua medida de peso utilizada en China, equivalente a unos 70 kilos. Volver al texto

(12) Porque el ungüento, al evitar que se cuartearan las manos de los soldados, les ayudó en el manejo de las armas. Volver al texto

ÍNDICE CAPÍTULOS

Taoismo

 

 

 

 

 

Capítulo II

 

DISCURSO ACERCA DE LA IGUALDAD DE LAS COSAS

 

Fotografía: Luis Roncero

Tzu-Ch’i de la muralla del sur estaba sentado, reclinado sobre el apoyabrazos. Contemplaba el cielo y suspiraba, ausente y lejano, como si hubiese perdido a su compañero (1). Yen Ch’eng Tzu-you, que esperaba de pie a su lado, le dijo: — ¿Qué es esto?¿Puedes realmente convertir el cuerpo en un árbol seco y la mente en cenizas muertas? ¡El hombre reclinado ahora en el apoyabrazos no es el mismo que se reclinaba en él antes!

Tzu-Ch’i dijo: — Haces bien en preguntar, Yen. Ahora me he perdido. ¿Comprendes eso? Escuchas el silbido de los hombres, pero no has escuchado el silbido de la tierra. ¡O si has escuchado el silbido de la tierra, no has escuchado el silbido del Cielo!

Tzu-you dijo: — ¿Podría aventurarme a preguntar qué significa eso?

Tzu-Ch’i dijo: —Este Gran Terrón eructa su respiración y su nombre es viento. Mientras no avanza, nada sucede. Pero cuando lo hace, los diez mil huecos comienzan a gemir salvajemente. ¿No puedes oírlo acaso, soplando y soplando? En los bosques de la montaña que se agitan y se sacuden, hay inmensos árboles de cien palmos con huecos y aberturas como narices, como bocas, como orejas, como jarras, como copas, como morteros, como grietas, como surcos. Rugen como olas, silban como flechas, chillan, resuellan, lloran, sollozan, gimen, aúllan. Los de adelante suenan Iiiiiii!, los de atrás suenan Uuuuuu! Como brisa suave responde débilmente, pero como vendaval, el coro es gigantesco. Y cuando el viento feroz ha pasado, los huecos quedan vacíos una vez más. ¿Nunca has visto la agitación y el temblor que continúan?

Tzu-you dijo: —Por el silbido de la tierra, entonces, te refieres simplemente al de esos huecos, y por el silbido del hombre, al de las flautas y silbatos. Pero, ¿puedo preguntar acerca del silbido del Cielo?

Tzu-ch’i dijo: — El que sopla sobre los diez mil seres de un modo diferente, para que cada uno pueda ser él mismo, y tomar lo que desea para sí, el que se enfurece, ¿quién es? (2)

***
La gran comprensión es amplia y sin prisa; la pequeña comprensión es estrecha y apretujada. Las grandes palabras son claras y límpidas (3); las pequeñas palabras son locuaces y agudas. Durante el sueño, el espíritu de los hombres sale de paseo; durante la vigilia, los cuerpos se atarean. Se enredan con todo lo que encuentran. Día tras día usan la mente en una lucha, por momentos grandiosa, por momentos solapada, por momentos trivial. Sus pequeños miedos son inquietos y temblorosos; sus grandes miedos son lentos y sobrecogedores. Se disparan como una flecha o una bala de ballesta, con la certidumbre de ser los árbitros del bien y del mal. Se aferran a sus posiciones como si hubiesen hecho un juramento ante los dioses, seguros de estar colgados de la victoria. Se desvanecen como el otoño y el invierno; así es como se consumen día a día. Se ahogan en lo que hacen- no puedes hacerlos regresar. Se oscurecen, como sellados con sellos- tales son los excesos de su vejez. Y cuando sus mentes se aproximan a la muerte, nada puede restituirlos a la luz.

Alegría, ira, tristeza, deleite, preocupación, arrepentimiento, inconstancia, rigidez, modestia, obstinación, candor, insolencia- música de agujeros vacíos, hongos que brotan en la humedad, así el día y la noche se reemplazan uno al otro ante nosotros, y nadie sabe de dónde surgen. ¡Basta! ¡Basta! Suficiente que los tengamos de la mañana a la noche y que sean nuestra forma de vida. Sin ellos no existiríamos; sin nosotros, no tendrían de dónde aferrarse. Esto nos acerca a la cuestión. Pero no sé qué los hace como son. Parecieran tener un Maestro Verdadero, y sin embargo, no hallo rastros de él. Puede actuar, no hay duda. Sin embargo, no puedo ver su forma. Tiene identidad pero no tiene forma.

Las cien articulaciones, los nueve orificios, los seis órganos, todos se unen y existen en mí. Pero, ¿de cuál de ellos debería sentirme más cerca? ¿Dices que debería regocijarme en todas mis partes? Pero deberá de haber alguna que tenga que favorecer más. De lo contrario, ¿son todas ellas meros sirvientes? Y si son todas sirvientes, entonces, ¿cómo pueden mantener el orden entre sí? ¿O es que se turnan para ser señor y sirviente? Parecería que debe haber una suerte de Verdadero Señor entre ellas. Pero descubra o no su identidad, ello no agrega ni quita nada acerca de su Verdad.
Una vez que un hombre recibe su forma corporal fija, se aferra a ella, esperando el fin. A veces golpeándose contra las cosas, a veces doblegándose ante ellas, corre su carrera como un corcel galopante, y nada puede detenerlo. ¿No es acaso patético? Sudando y esforzándose hasta el fin de sus días sin ver jamás sus logros, extenuándose totalmente sin saber jamás dónde buscar descanso. ¿Cómo es posible no sentir pena por él? ¡Todavía no estoy muerto! dice, pero, ¿ para qué le sirve? Su cuerpo se deteriora, su mente le sigue. ¿Puedes negar que esto sea una gran pena? La vida del hombre siempre ha sido una confusión semejante. ¿Cómo podría ser que yo fuera el único confundido y que nos demás hombres no lo fueran?

Si un hombre sigue la mente que le ha sido dada, y la convierte en su maestra, luego, ¿quién dejará de tener maestros? ¿Por qué debes comprender el proceso del cambio y formar tu mente sobre esa base antes de tener un maestro? Hasta un idiota tiene un maestro. Pero no lograr guiarse por esta mente y seguir insistiendo en lo correcto y lo incorrecto, es como decir que partiste para Yüeh hoy y llegaste allí ayer (4). Esto es afirmar que existe lo que no existe. Si se afirma que existe lo que no existe, entonces ni el santo sabio Yü podría comprenderte, y mucho menos una persona como yo!

***
Las palabras no son sólo viento. Las palabras tienen algo que decir. Pero si lo que tienen que decir no se fija, entonces, ¿realmente dicen algo? ¿O no dicen nada? La gente supone que las palabras son diferentes del piar de los pichoncitos, pero, ¿hay una diferencia o no la hay? ¿En qué confía el Tao, en que hay verdadero y falso? (5) ¿En qué confían las palabras, en que hay correcto e incorrecto? ¿Cómo puede alejarse el Tao y no existir? ¿Cómo pueden existir las palabras y ser inaceptables? Cuando el Tao confía en los pequeños logros y las palabras confían en una muestra vana, entonces tenemos lo correcto y lo incorrecto según los Confucianos y los Mohistas. Lo que uno llama correcto el otro llama incorrecto: lo que uno llama incorrecto el otro llama correcto. Pero si queremos corregir sus incorrecciones, lo mejor entonces es usar la claridad.

Todo tiene su “aquello”, todo tiene su “esto”. Desde el punto de vista del “aquello” no puedes verlo, pero por medio de la comprensión puedes conocerlo. Entonces digo, “aquello” viene de “esto” y “esto” depende de “aquello”, lo cual equivale a decir que “esto” y “aquello” se dan nacimiento uno al otro. Pero donde hay nacimiento debe haber muerte; donde hay muerte debe haber nacimiento. Donde hay aceptabilidad debe haber inaceptabilidad; donde hay inaceptabilidad debe haber aceptabilidad. Donde hay reconocimiento de lo correcto debe haber reconocimiento de lo incorrecto; donde hay reconocimiento de los incorrecto debe haber reconocimiento de lo correcto. Por lo tanto el sabio no procede así, sino que ilumina todo en la luz del Cielo.(6) El también reconoce un “esto”, pero un “esto” que también es un “aquello”, un “aquello” que también es un “esto”. Su “aquello” incluye tanto lo correcto como lo incorrecto; su “esto” también incluye tanto lo correcto como lo incorrecto. De hecho, entonces, ¿aún tiene un “esto” y un “aquello”? ¿O es que ya no tiene más un “esto” y un “aquello”? Un estado en el que “esto” y “aquello” ya no encuentran sus opuestos se llama la bisagra del Tao. Cuando la bisagra encaja en su sitio, puede responder interminablemente. Su aspecto correcto es entonces una única infinitud y su aspecto incorrecto también es una única infinitud. Por eso digo que lo mejor es usar claridad.

Usar un atributo para demostrar que los atributos no son atributos no es tan bueno como usar un no-atributo para demostrar que los atributos no son atributos. Usar un caballo para demostrar que un caballo no es un caballo no es tan bueno como usar un no-caballo para demostrar que un caballo no es un caballo. (7) El Cielo y la tierra son un atributo; los diez mil seres son un caballo.

Lo que es aceptable es llamado aceptable; lo que es inaceptable es llamado inaceptable. Un camino se hace por la gente que lo recorre, las cosas son así porque así se las llama. ¿Qué las hace así? Hacerlas así las hace así. ¿Qué no las hace así? No hacerlas así no las hace así. Todas las cosas deben tener aquello que es así; todas las cosas deben tener aquello que es aceptable. No hay nada que no sea así, nada que no sea aceptable. Por esta razón, ya sea que señales un tallito o un gran pilar, un leproso o a la bella Hsi-shih, cosas procaces y vergonzosas o cosas grotescas y extrañas, el Tao convierte a todas en una. Su capacidad de ser divididas es su completud; su completud es su menoscabo. Nada hay que sea completo o menoscabado, sino que todo se hace uno una vez más. Sólo el hombre de gran visión sabe cómo hacerlas una. Entonces no necesita categorías, sino que relega todo a lo constante. Lo constante es lo útil; lo útil es lo que penetra con facilidad; lo que penetra con facilidad es lo que tiene éxito; y con el éxito, todo se completa. Él depende sólo de esto, confía en ello sin saber que lo está haciendo. Esto es el Tao.

Pero desgastar el cerebro tratando de convertir a todas las cosas en una sin darse cuenta de que son todas lo mismo se denomina “tres por la mañana”. ¿Qué quiero decir con “tres por la mañana”? Cuando el entrenador de los monos estaba repartiendo bellotas, dijo: “Recibirán tres por la mañana y cuatro por la noche”. Esto enfureció a los monos. “Bueno, entonces”, dijo, “recibirán cuatro por la mañana y tres por la noche”. Los monos estaban contentísimos. No había ningún cambio en la realidad detrás de las palabras, y sin embargo los monos respondieron con alegría una vez y con ira otra. Déjalos , si eso es lo que quieren. Entonces el sabio armoniza tanto con lo correcto como con lo incorrecto y descansa en el Cielo Igualador. Esto se denomina andar por dos caminos.

***
La comprensión de los hombres de antaño tenía largo alcance. ¿Qué tan lejos llegaba? Hasta el punto en que algunos de ellos creían que las cosas jamás han existido; por lo pronto, hasta el fin, donde nada puede agregarse. Los del siguiente nivel pensaban que las cosas existen pero no admitían fronteras entre ellas. Los del siguiente nivel pensaban que había fronteras pero no admitían la distinción entre correcto e incorrecto. Debido a la aparición de lo correcto y lo incorrecto, el Tao se dañó, y porque el Tao se dañó, el amor se hizo completo. Pero ¿existen tales cosas como completud y daño, o no existen?

Existe tal cosa como completud y daño. El Señor Chao tocando el laúd es un ejemplo. Existe tal cosa como la no completud y el no daño. El Señor Chao sin tocar el laúd es un ejemplo. (8) Chao Wen tocaba el laúd; el maestro de música K’uang agitaba su batuta; Hui Tzu se apoyaba en su escritorio. Todos ellos fueron maestros, y por lo tanto sus nombres han pasado de generación en generación. Sólo en sus gustos eran diferentes del verdadero sabio. Lo que les gustaba trataban de hacerlo claro. A aquello acerca de lo cual el sabio no tenía claridad, ellos trataban de dársela, y así terminaron con la tontería de “lo duro” y “lo blanco”. (9) Sus hijos también, dedicaron sus vidas a las teorías de sus padres (10), pero hasta sus propias muertes jamás alcanzaron la completud. ¿Puede afirmarse que estos hombres hayan alcanzado la completud? Si así fuera, ni nosotros ni nada más la habría alcanzado.

La antorcha del caos y de la duda: es con ella que se guía el sabio. (11) Entonces no usa las cosas sino que relega todo a lo constante. Esto es lo que significa usar claridad.

***
Aquí haré una aseveración. No sé si se ajusta a la categoría de aseveraciones de otra gente. Pero se ajuste a ella o no, obviamente a alguna categoría se ajustará. Así que en ese sentido no se diferencia de otras aseveraciones. Permítanme, de todos modos, hacer mi aseveración.

Hay un comienzo. Hay un aún no comienzo que comienza. Hay un aún no comienzo que aún no comienza a ser un comienzo. Existe el ser. Existe el no-ser. Hay un aún no comienzo de ser no-ser. Hay un aún no comienzo que aún no comienza a ser no-ser. De pronto está el no-ser. Pero cuando se trata del no-ser, yo no sé, cuál es realmente el ser y cuál el no-ser. Acabo de decir algo. Pero no sé si lo que acabo de decir realmente ha dicho algo o no ha dicho nada.

Nada hay en el mundo que sea más grande que la punta de un pelo otoñal, y el Monte T’ai es diminuto. Nadie ha vivido más que un niño muerto, y P’eng-tse murió joven (12). El Cielo y la Tierra nacieron junto conmigo, y los diez mil seres son uno conmigo.

Ya nos hemos convertido en uno, ¿cómo podría entonces decir algo? Sin embargo acabo de decir que somos uno, ¿cómo podría entonces no haber dicho nada? El uno y lo que dije acerca de él suman dos, y dos más el original suman tres. Si seguimos así, ni el matemático más inteligente podría decir dónde terminaríamos, mucho menos un hombre común. Si al pasar del no-ser al ser llegamos a tres, ¿adónde llegaremos si pasamos del ser al ser? ¡Mejor no moverse y dejar que las cosas sean!

El Tao jamás ha conocido fronteras; el discurso no tiene constancia. Pero al reconocer un esto, empezó a haber fronteras. Permítanme decirles qué son las fronteras. Hay izquierda, hay derecha, hay teorías, hay debates (13), hay divisiones, hay discriminaciones, hay emulaciones, hay contenciones. Estas se denominan la Ocho Virtudes (14). Con respecto a lo que hay más allá de los Seis Reinos (15), el sabio admite su existencia pero no teoriza. Con respecto a lo que hay dentro de los Seis Reinos, teoriza pero no debate. En el caso de La primavera y el otoño (16), el registro de los anteriores reyes de tiempos pasados, el sabio debate pero no discrimina. Entonces, los que dividen no dividen; los que discriminan no discriminan. Se preguntarán qué es esto. El sabio abraza las cosas. Los hombres comunes discriminan entre sí y desfilan sus discriminaciones ante los demás. Entonces yo digo, los que discriminan no ven.

El Gran Tao no tiene nombre; las Grandes Discriminaciones no se exteriorizan; la Gran Benevolencia no es benevolente; la Gran Modestia no es humilde, la Gran Osadía no ataca, Si el Tao se aclara, no es el Tao. Si las discriminaciones se ponen en palabras, no alcanzan. Si la benevolencia tiene un objeto constante, no puede ser universal (17). Si la modestia es fastidiosa, no puede confiarse en ella. Si la osadía ataca, no puede ser completa. Estos cinco son redondos, pero tienden hacia el cuadrado (18).

Por lo tanto la comprensión que yace en lo que no comprende es la más aguda. ¿Quién puede comprender las discriminaciones que no se ponen en palabras, o el Tao que no es Tao? El que pueda comprender esto puede llamarse el Reservorio del Cielo. Vierte en él y nunca se llenará, extrae de él y nunca se secará y sin embargo no sabe de dónde viene su provisión. Esto se llama la Luz Escondida. (19)

***
Así es que hace mucho tiempo Yao le dijo a Shun: —Quiero atacar a los soberanos de Ts’ung, K’uai y Hsü-ao. Hasta cuando me siento en el trono, me acucia este pensamiento. ¿Por qué?

Shun respondió: —Estos tres soberanos son sólo pequeños moradores de los yuyos y matorrales. ¿A qué se debe ese deseo acuciante? Hace mucho tiempo, diez mil soles brillaron a la vez y los diez mil seres se iluminaron. ¡Cuánto más grande es la virtud que esos soles! (20)

***
Nieh Ch’üeh le preguntó a Wang Ni: —Sabes qué es lo que todas las cosas están de acuerdo en llamar lo correcto?

—¿Cómo podría saber eso? —preguntó Wang Ni.

—¿Sabes que no lo sabes?

—¿Cómo podría saber eso?

—¿Entonces las cosas no saben nada?

—¿Cómo podría saber eso? Sin embargo, supón que trato de decir algo. ¿Qué modo tengo de saber que si digo que sé algo en realidad sé que no lo sé? ¿O qué modo tengo de saber que si digo que no sé algo en realidad no sé que lo sé? Ahora déjame preguntarte algo a ti. Si un hombre duerme en un sitio húmedo, le duele la espalda y termina medio paralizado pero, ¿sucede lo mismo con el pez locha? Si el hombre vive en un árbol, se aterroriza y tiembla de miedo pero, ¿sucede lo mismo con un mono? De estas tres criaturas entonces, ¿cuál conoce el lugar adecuado para vivir? Los hombres comen la carne de animales que se alimentan de pasto y grano, los ciervos comen pasto, los ciempiés encuentran que las víboras son sabrosas y los cuervos y halcones saborean ratones. De estos cuatro, ¿cuál sabe cómo debe saber la comida? Los monos se acoplan con los monos, los ciervos salen con los ciervos, y los peces juegan con los peces. Los hombres aseguran que Mao-ch’iang y la Dama Li eran bellas, pero si los peces las vieran se sumergirían hasta el fondo de la corriente; si los pájaros las vieran, se irían volando; y si los ciervos las vieran, saldrían corriendo despavoridos. De estos cuatro, ¿cuál sabe cómo fijar las pautas de la belleza en el mundo? Tal como yo lo veo, las reglas de la benevolencia y la corrección y los senderos del bien y del mal están todos irremediablemente enmarañados y revueltos. ¿Cómo podría saber yo algo acerca de tales discriminaciones?

Nieh-Ch’üeh dijo: — Si no sabes qué es beneficioso y qué es perjudicial, ¿entonces el Hombre Perfecto del mismo modo ignora tales cosas?

Wan Ni respondió: —El Hombre Perfecto es como un dios. Aunque los pantanos ardan, no pueden quemarlo; aunque los grandes ríos se hielen, no pueden congelarlo; aunque truenos constantes partan las colinas y huracanes aullantes sacudan el mar, no pueden asustarlo. Un hombre así cabalga las nubes y la niebla, camina sobre el sol y la luna, y vagabundea más allá de los cuatro mares. Ni siquiera la vida y la muerte tienen efecto sobre él, ¡cuánto menos las reglas de la ganancia y la pérdida!

***
Ch’ü Ch’üeh-tzu le dijo a Chang Wu-tzu: —Escuché a Confucio decir que el sabio no trabaja en nada, no busca ganancia, no esquiva el daño, no disfruta que lo busquen, no sigue el Tao, no dice nada y sin embargo dice algo, dice algo y sin embargo no dice nada, y vagabundea más allá del polvo y la mugre. El mismo Confucio consideraba que éstas eran palabras salvajes y petulantes, aunque creo que describen el funcionamiento del Tao misterioso. ¿Qué piensas de ellas?

Chang Wu-tzu dijo: —Hasta el Emperador Amarillo estaría confundido si escuchara tales palabras, ¿cómo podrías esperar entonces que Confucio las comprendiera? Más aún, eres demasiado apresurado en tu propio juicio. Ves un huevo y pides un gallo cantor, ves el proyectil de una ballesta y pides una paloma asada. Trataré de decir algunas palabras atolondradas y quiero que las escuches atolondradamente. ¿Cómo será eso? El sabio se apoya en el sol y la luna, acomoda al universo bajo su brazo, se mezcla con las cosas, deja la confusión y el revoltijo tal como están, y ve a los esclavos como elevados. Los hombres comunes se esfuerzan y luchan; el sabio es estúpido y bruto. Participa de diez mil eras y alcanza la simplicidad en la unidad. Para él, los diez mil seres son lo que son, y así se abrazan unos a otros.

— ¿Cómo sé que amar la vida no es una ilusión? ¿Cómo sé que odiando la muerte no soy como el hombre que, habiendo dejado su hogar en la juventud, ha olvidado el camino de regreso? La Dama Li era la hija del guardia de la frontera de Ai. (21) Cuando primero fue tomada prisionera y llevada al estado de Chin, lloró hasta que sus lágrimas empaparon el cuello de su vestido. Pero más tarde, cuando fue a vivir al palacio con el soberano, compartió las cobijas con él, y comió las deliciosas carnes de su mesa, se preguntó por qué había llorado antes. ¿Cómo sé que los muertos no se preguntan por qué jamás han anhelado la vida? El que sueña que bebe vino puede llorar cuando llega la mañana; el que sueña que llora puede en la mañana partir en cacería. Mientras está soñando no sabe que es un sueño y en su sueño, quizás hasta trate de interpretar un sueño. Sólo al despertar sabe que era un sueño. Y algún día habrá un gran despertar cuando todos sepamos que esto es todo un gran sueño. Sin embargo los tontos creen que están despiertos, suponiendo, brillante y laboriosamente, que comprenden las cosas, llamando a este hombre un soberano, al otro un pastor. ¡Qué denso! ¡Confucio y tú sueñan ambos! Y cuando digo que están soñando, yo estoy soñando también. Las palabras como éstas se rotulan El Engaño Supremo. Sin embargo, después de diez mil generaciones, un gran sabio puede aparecer conociendo su significado, y aún así será como si apareciera con asombrosa velocidad.

—Supongamos que tú y yo hemos tenido una discusión. Si me has vencido tú a mí en vez de yo a ti, entonces, ¿necesariamente estarás tú en lo correcto y estaré yo equivocado? Si te venzo yo a ti en lugar de tú a mí, entonces, ¿estaré yo necesariamente en lo correcto y tú estarás necesariamente equivocado? ¿Uno tiene razón y el otro está equivocado? Si ni tú ni yo sabemos la respuesta, entonces otra gente estará aún más en la oscuridad. ¿A quién llamaremos para decidir qué es lo correcto? ¿Llamaremos a alguien que coincida contigo para decidir? Pero si coincide contigo, cómo puede decidir justamente? ¿Llamaremos a alguien que coincida conmigo? Pero si ya coincide conmigo, ¿cómo podría decidir? ¿Llamaremos a alguien que disienta de ambos? Pero si ya disiente de ambos, cómo podría decidir? ¿Buscaremos a alguien que esté de acuerdo con ambos? Pero si ya está de acuerdo con ambos, cómo podría decidir? Obviamente entonces, ni tú ni yo ni nadie más puede decidir en el lugar del otro. ¿Esperaremos aún a alguna otra persona? Pero esperar que una voz cambiante juzgue a otra es lo mismo que no esperar a ninguna (22). Armonizarlas con la Igualdad Celestial, dejarlas a sus cambios incesantes, y llegar al final de nuestros días. ¿Qué quiero decir con armonizarlas con la Igualdad Celestial? Lo correcto no es lo correcto, lo que es así no es así. Si lo correcto fuera realmente lo correcto, diferiría tan claramente de lo no correcto que no cabría discusión alguna. Si lo que es así fuera realmente así, diferiría tan claramente de lo que no es así que no cabría discusión alguna. Olvidarse de los años; olvidar las distinciones. ¡Saltar a lo ilimitado y hacerlo nuestro hogar!

***
Penumbra le dijo a Sombra: —Hace un instante estabas caminando y ahora te detienes; hace un instante estabas sentada y ahora estás de pie. ¿Por qué esta falta de acción independiente?
Sombra respondió: —¿Tengo que esperar algo antes de ser así? Aquello que tengo que esperar a su vez tiene que esperar algo más antes de ser así? ¿Estoy esperando las escamas de la serpiente o las alas de la cigarra? ¿Cómo sé que es así?¿Cómo sé que no es así? (23)

Una vez Chuang Chou soñó que era una mariposa, una mariposa volando y revoloteando por doquier, contenta consigo misma, haciendo lo que le gustaba. No sabía que era Chuang Chou. De pronto se despertó y allí estaba: el sólido e inconfundible Chuang Chou. Pero no sabía si era Chuang Chou que había soñado ser una mariposa, o una mariposa soñando ser Chuang Chou. Entre Chuang Chou y una mariposa tiene que haber alguna diferencia! Esto se llama la Transformación de las Cosas.

 

NOTAS:

(1) La palabra “compañero” se interpreta de diversas maneras: puede referirse a sus asociados, a su esposa o a su propio cuerpo. Volver al texto.

(2) El Cielo no es algo que se distingue de la tierra y del hombre, sino un nombre que se aplica al funcionamiento natural y espontáneo de ambos. Volver al texto.

(3) Leyendo tan en lugar de yen. Volver al texto.

(4) Según la sección 33, esta era una de las paradojas del lógico Hui Tzu. Volver al texto.

(5) Según la interpretación de Chang Ping-lin. La más antigua que lee yin aquí y en las oraciones siguientes es: “¿Qué es lo que esconde al Tao?,” etc. Volver al texto.

(6) T´ien, que para Chuang Tzu significa Naturaleza o Tao. Volver al texto.

(7) Es una referencia a los juicios del lógico Kung-sun Lung: “Un caballo blanco no es un caballo”, y “Los atributos no son atributos en sí y por sí mismos.” Volver al texto.

(8) Chao Wen fue un famoso ejecutante de laúd (ch´in), pero la mejor música que podía tocar (i.e. completa) era sólo un pálido y parcial reflejo de la música ideal, y en ese sentido era algo mermado y tullido, del mismo modo que la unidad del Tao se veía mermada por la aparición del amor, es decir, por la aparición de lo que al hombre le gusta y le disgusta. Así, cuando el Sr. Chao dejaba de tocar el laúd, no había ni compleción ni daño. Volver al texto.

(9) Los lógicos Hui Tzu y Kung-sun Lung pasaron mucho tiempo discutiendo la relación entre atributos tales como “duro” y “blanco”, y la cosa a la cual pertenecen. Volver al texto.

(10) Siguiendo a Yu-lan Fung y a Fukunaga, leo fu en lugar de wen. Volver al texto.

(11) Acepta las cosas tal como son, aunque a la persona común que trata de establecer valores le parecen caóticas y dudosas y requiriendo aclaración. Volver al texto.

(12) Se creía que el pelo de los animales se afinaba en otoño, de allí la expresión se convirtió en un cliché de lo pequeño. Volver al texto.

(13) Siguiendo la lectura del texto Ts’ui. Volver al texto.

(14) Muchos comentadores y traductores tratan de dar a la palabra te algún significado especial diferente del común de virtud, dentro de este contexto. Pero creo que Chuang-tzu está parodiando deliberadamente las categorías éticas de los confucianos y de los mohístas. Volver al texto.

(15) El cielo, la tierra y las cuatro direcciones, es decir, el universo. Volver al texto.

(16) Quizás una referencia a los Anales de la primavera y el otoño, una historia del estado de Lu cuya compilación se atribuye a Confucio. Pero podría ser un término genérico referido a las crónicas de los diversos estados feudales. Volver al texto.

(17) Leyendo chou en lugar de ch’eng. Volver al texto.

(18) Todos son originalmente perfectos, pero pueden “hacerse cuadrados”, es decir hacerse defectuosos como consecuencia de los mencionados usos indebidos. Volver al texto.

(19) O, según otra interpretación: —la Luz Preciosa. Volver al texto.

(20) Aquí la virtud debe entenderse en el buen sentido, como el poder del Tao. Volver al texto.

(21) Fue tomada prisionera por el Duque Hsien de Chin en el 671 a.C. , y más tarde se convirtió en su consorte. Volver al texto.

(22) Sigo el ordenamiento del texto sugerido por Lü Hui-ch’ing- Pero el texto de todo este párrafo deja mucho que desear y la traducción es tentativa. Volver al texto.

(23) Es decir, para los hombres comunes la sombra aparece como dependiente de otra cosa para su movimiento, tal como la serpiente. Volver al texto.

 

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Capítulo III

 

EL SECRETO DE CUIDAR LA VIDA (1)

 

Tu vida tiene un límite pero el conocimiento no lo tiene. Si usas lo limitado para alcanzar lo ilimitado, estarás en peligro. Si comprendes esto y aún te esfuerzas por conseguir el conocimiento, ¡estarás en peligro sin duda alguna! Si haces el bien, mantente alejado de la fama. Si haces el mal, mantente alejado de los castigos. Sigue el camino del medio; adhiere a lo constante, y podrás mantenerte de una pieza, seguir vivo, cuidar a tus padres y llegar al final de tus días.

***
El cocinero Ting estaba cortando un buey para el Señor Wen-hui (2). Con cada toque de su mano, cada levantamiento de su hombro, cada movimiento de su pie, cada adelantamiento de su rodilla, hacía ¡tris! ¡Tras! Deslizaba el cuchillo a lo largo con un ¡zing! , y todo iba a un ritmo perfecto, como si estuviera bailando la danza del Bosquecillo de Moras o manteniendo el compás de la música Ching-shou. (3)

— ¡Ah, qué maravilloso! —dijo el Señor Wen-hui—. ¡Si las habilidades alcanzaran tales alturas!

El cocinero Ting apoyó su cuchillo y respondió: — De lo que me ocupo es del Tao, que va más allá de la habilidad. Cuando comencé a descuartizar bueyes, lo único que podía ver era el buey. Al cabo de tres años ya no veía todo el buey. Y ahora..., ahora me acerco a él por el espíritu y no lo miro con los ojos. La percepción y el entendimiento se han detenido y el espíritu se mueve por donde se le antoja. Sigo la constitución natural, golpeo en los grandes huecos, guío el cuchillo a través de las aberturas espaciosas, y sigo las cosas tal como son. Entonces nunca toco el menor ligamento o tendón, y mucho menos una gran articulación.

Un buen cocinero cambia de cuchillo una vez al año porque corta con él. Un cocinero mediocre cambia su cuchillo una vez al mes porque acuchilla con él. Yo tengo este cuchillo desde hace diecinueve años y he cortado miles de bueyes con él; sin embargo la hoja sigue tan afilada como si recién llegara de la muela. Hay espacios entre las articulaciones, y la hoja del cuchillo en verdad no tiene grosor. Si insertas lo que carece de grosor en tales espacios, hay entonces mucho lugar; más que suficiente para que la hoja juegue por allí. Por este motivo después de diecinueve años la hoja de mi cuchillo sigue tan afilada como recién llegada de la muela.

Sin embargo, cada vez que llego a un lugar complicado, mido las dificultades, me digo “Presta atención y ten cuidado, mantén los ojos en lo que estás haciendo, trabaja muy lentamente, y mueve el cuchillo con la mayor sutileza, hasta que ¡paf! La res entera se abre como un cascote de tierra contra el suelo. Me quedo de pie sosteniendo mi cuchillo y miro a mi alrededor, totalmente satisfecho y reacio a continuar; luego limpio el cuchillo y lo guardo. (4)

— ¡Excelente! —dijo el Señor Wen-hui—. ¡He escuchado las palabras del cocinero Ting y he aprendido cómo cuidar la vida!

***
Cuando Kung-wen Hsüan vio al Comandante de la Derecha (5), se alarmó y dijo: — ¿Qué clase de hombre es éste? ¿Cómo llegó tener un pie mutilado? ¿Fue el Cielo? ¿O fue la mano del hombre?

— Fue el Cielo, no la mano del hombre —dijo el comandante—. Cuando el Cielo me dio la vida, se cercioró de que tuviera un solo pie. Los hombres reciben una apariencia. Luego sé que esto fue obra del Cielo y no del hombre. El faisán de los pantanos tiene que dar diez pasos para conseguir un bocado y cien para un trago, pero no quiere que lo encierren en una jaula. Aunque lo trates como a un rey, su espíritu no estará satisfecho.

***
Cuando Lao Tan (6) murió, Ch’in Shih fue a condolerse; pero después de dar tres gritos, dejó la habitación.

— ¿No eras acaso amigo del Maestro —preguntaron los discípulos de Lao Tzu.

—Sí.

— ¿Y crees que es correcto condolerse de esta manera?

—Sí —dijo Ch’in Shih—. Al principio lo tomaba por un hombre real, pero ahora sé que no lo era. Hace un momento, cuando entré a presentar mis condolencias, encontré unos ancianos llorándolo como si estuvieran llorando a un hijo, y unos jóvenes llorándolo como si estuvieran llorando a una madre. Para reunir a un grupo así, tiene que haber hecho algo que los haga hablar de él, aunque él no les pidió que lo hicieran, o llorar por él, aunque él no les pidió que llorasen. Esto es esconderse del Cielo, dar la espalda a la verdadera situación de las cosas, y olvidarse con qué se nació. En los viejos tiempos, esto se llamaba el crimen de esconderse del Cielo. Tu maestro dio en llegar porque éste era su tiempo, y dio en irse porque las cosas siguen su curso. Si estás satisfecho con el tiempo y dispuesto a seguir su curso, entonces la tristeza y la alegría no tienen manera de entrar. En los viejos tiempos, esto se llamaba estar liberado de las ataduras de Dios. Aunque la grasa se queme por fuera de la lámpara, el fuego la sigue, y nadie sabe dónde acaba. (7)

NOTAS

(1) El capítulo es muy breve y parecería estar mutilado. Volver al texto.

(2) Identificado como el Rey Hui de Wei, que ya apareció anteriormente. Volver al texto.

(3) El Bosquecillo de Moras se identifica con una danza para la lluvia del tiempo del Rey T’ang de la dinastía Shang, y la música Ching-shou como parte de una composición más extensa del tiempo de Yao. Volver al texto.

(4) Waley (Three Ways of Thought in Ancient China, p.73) toma este párrafo para referirse a los métodos de trabajo de un carnicero mediocre, y de ahí que su traducción sea muy diferente. Su interpretación deja mucho que desear, pero después de largas consideraciones he decidido seguir la interpretación tradicional porque me parece que el extremado cuidado y precaución que usa el cocinero cuando llega a un lugar complicado, también es parte del “secreto de cuidar la vida” que nos trasmite Chuang-tzu. Volver al texto.

(5) Probablemente el ex-Comandante de la Derecha, ya que ha sido castigado con la amputación de un pie, un castigo común en la China antigua. Chuang-tzu tiene en mente castigos de mutilación como éste cuando habla de la necesidad de “mantenerse de una pieza”. Volver al texto.

(6) Lao-tzu, el célebre autor del Tao Te Ching. Volver al texto.

(7) La primera parte de esta última oración es apenas inteligible y hay muchas sugerencias acerca de cómo debería interpretarse o enmendarse. Sigo a ChuKuei-yao al leer “grasa” en lugar de “dedo”. A modo de referencia, cito otras posibles interpretaciones, tal como las comprendo. “Cuando los dedos completan el trabajo de agregar leña, el fuego se propaga” (Kuo Hsiang). “Aunque los dedos se gasten de juntar leña, el fuego se propaga” (Yü Yüeh). “Lo que podemos señalar son los leños que se han consumido, pero el fuego se transmite a otro lado” (Legge, Fukunaga). [Elorduy dice: —Cuando los dedos han acabado de atizar la leña, el fuego sigue aún propagándose como si ignorase haberse acabado el combustible (muerto el cuerpo seguía el espíritu viviendo) – y luego aclara en una nota: La leña es el cuerpo. Muerto éste, la llama sigue aún viva.] Volver al texto.

 

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Capítulo IV

 

EN EL MUNDO DE LOS HOMBRES

La pintura es de Qian Xuan. Din. Song (960-1279)

Yen Hui fue a ver a Confucio y le pidió autorización para hacer un viaje. (1)
— ¿Adónde vas?

— Voy a Wei.

— ¿Qué harás allí?

— He oído que el soberano de Wei es muy joven. Actúa de manera independiente, no presta atención al gobierno de su reino, y no reconoce sus defectos. No le importa conducir a su pueblo hacia el peligro y sus muertos podrían llenar pantanos como si fueran pasto. (2) Su gente no tiene dónde recurrir. Maestro, le he escuchado decir a usted: “¡Abandona el reino bien ordenado y dirígete al reino en caos! Hay muchos enfermos ante la puerta del doctor.” Quiero que esas palabras sean mi norma, con la esperanza de poder restaurar la salud a su reino.

—Ah —dijo Confucio—, probablemente vayas y te ejecuten, eso es todo. El Tao no quiere que las cosas se mezclen con él. Cuando se convierte en una mezcolanza, los caminos se multiplican; con muchos caminos, hay mucho ruido. Cuando hay mucho ruido, hay problemas, ¡problemas que no tienen remedio! El Hombre Perfecto de la antigüedad se aseguraba de tenerlo en sí mismo antes de intentar darlo a los demás. Cuando aún no estás seguro de tenerlo en ti mismo, ¿cómo te molestas siquiera acerca de lo que está haciendo un tirano?

¿Sabes qué es lo que destruye la virtud, y de dónde viene la sabiduría? La virtud es destruida por la fama, y la sabiduría nace de la lucha. La fama es algo con lo que se derrota a la gente, y la sabiduría es un medio para luchar. Ambas son armas del mal; no son la clase de cosa que te traerá éxito Aunque tu virtud sea grande y tu buena fe imbatible, si no comprendes los espíritus de los hombres, aunque tu fama sea ancha y no te batas con el prójimo, si no comprendes las mentes de los hombres, y en cambio apareces ante un tirano y lo fuerzas a escuchar sermones acerca de la benevolencia y la equidad, las medidas y las normas, estarás simplemente utilizando los defectos de los hombres para exhibir tu propia excelencia. Serás tildado de fastidioso. El que fastidia a los demás será fastidiado a su vez. Probablemente este hombre se fastidie contigo.
Y supón que es del tipo de los que se deleita con los hombres valiosos y detesta a los que carecen de valía, ¿para qué te necesitaría entonces tratando de cambiarlo? ¡Lo mejor es que te guardes tus consejos! Los reyes y duques se sirven de su poder sobre los otros y pelean para ganar una discusión. Sentirás que tus ojos se turban, tu semblante cambia, tu boca se articula para inventar excusas, tu actitud se torna más y más humilde, hasta que en tu mente terminas apoyándolo. Esto es apilar fuego sobre fuego, agregar agua al agua, y se denomina “incrementar lo excesivo”. Si cedes al comienzo, no hay manera de detenerlo. Ya que casi con certeza tu consejo ferviente no será creído, estarás condenado a perecer ante la presencia de un tirano.

En la antigüedad Chieh sentenció a muerte a Kuan Lung-feng y Chou condenó al Príncipe Pi Kan. Tanto Kuan Lung-feng como el Príncipe Pi Kan eran escrupulosos en su conducta, se inclinaban ante el confort y ayudaban a la plebe, y utilizaban sus cargos de ministros para oponerse a sus superiores. Por lo tanto sus soberanos, Chieh y Chou, usaron sus conductas escrupulosas como un medio para atraparlos, porque ellos amaban demasiado la buena fama. En la antigüedad, Yao atacó a Ts’ung-chih y Hsü-ao, y Yü atacó a Yu-Hu, y dichos reinos fueron vaciados y deshabitados, y muertos sus soberanos. Se debió a que éstos utilizaban sus ejércitos constantemente y nunca cesaban en su afán de ganancia. Todos ellos eran buscadores de fama y ganancia. ¿Eres el único que no ha oído hablar de ellos? ¡Ni los sabios pueden manejar hombres que van tras la fama y la ganancia, cuánto menos un hombre como tú! Sin embargo, tendrás algún plan en la cabeza. Vamos, dime de qué se trata.

Yen Hui dijo: — Si me mantengo solemne y con el corazón vacío, diligente y bien dispuesto, ¿no será suficiente?

— ¡Oh! Cómo podría eso ser suficiente? Podrás representar un buen espectáculo y parecer muy impresionante, pero no podrás evitar una mirada incierta en tu rostro, no menos de lo que podría hacerlo un hombre común. (3) Y luego tratas de evaluar los sentimientos de este hombre y buscas influir sobre su mente. Pero con él, lo que se llama “la virtud que avanza un poquito cada día” no serviría, ¡mucho menos un gran despliegue de virtud! Se mantendrá en su posición y no se dejará convertir. ¡Aunque muestre señales exteriores de acuerdo, internamente no lo considerará! ¿Cómo podría triunfar un enfoque así?

— Bueno, entonces supongamos que soy internamente directo, externamente flexible, y realizo mi trabajo por medio de ejemplos de la antigüedad. Al ser internamente directo, puedo ser el compañero del Cielo. Siendo el compañero del Cielo, sé que el Hijo del Cielo y yo somos hijos del Cielo de la misma manera. Luego, ¿ por qué iba a usar mis palabras para tratar de lograr que los hombres me halagaran o dejaran de hacerlo? A un hombre así la gente lo llama El Niño. Esto es lo que quiero decir con ser un compañero del Cielo. Al ser exteriormente flexible, puedo ser un compañero de los hombres. Alzar la tableta, arrodillarme, reverenciar, inclinarme. Ésta es la etiqueta de un ministro. Todo el mundo lo hace, ¿por qué no habría de hacerlo yo? Si hago lo que hacen los demás, no podrán criticarme. Esto es lo que quiero decir con ser un compañero de los hombres. Al realizar mi trabajo por medio de ejemplos de la antigüedad, puedo ser el compañero de los tiempos antiguos. Aunque mis palabras sean lecciones y reproches, pertenecen a los tiempos antiguos y no a mí. De esta manera, aunque sea rudo, no podrán culparme. Esto es lo que quiero decir con ser un compañero de la antigüedad. Si me muevo de esta forma, ¿servirá?

Confucio dijo: — Oh, ¿cómo podría eso ser suficiente? Tienes demasiadas políticas y planes y no has visto lo que se necesita. Probablemente puedas escapar sin incurrir en culpa, sí. Pero hasta allí habrás llegado. ¿Cómo piensas que realmente puedes convertirlo? ¡Aún estás haciendo de la mente (4) tu maestra!

Yen Hui dijo: — No tengo más nada que ofrecer. ¿Puedo preguntar cuál sería la vía apropiada?

— ¡Ayuna! —dijo Confucio—. Te diré qué significa. ¿Crees que es fácil hacer algo mientras se tiene una mente? Si así lo crees, el Cielo Brillante no te sancionará.

Yen Hui dijo: — Mi familia es pobre. No he bebido vino ni comido comidas abundantes durante varios meses. ¿Puede considerarse que he ayunado?

— Ése es el ayuno que se realiza antes de un sacrificio, no es el ayuno de la mente.

— ¿Puedo preguntar qué es el ayuno de la mente?

Confucio dijo: — ¡Unifica tu voluntad! No escuches con tus oídos, escucha con tu mente. No, no escuches con tu mente, escucha con tu espíritu. El escuchar se detiene con los oídos, la mente se detiene con el reconocimiento, pero el espíritu está vacío y espera todas las cosas. El Tao se recoge sólo en el vacío. El vacío es el ayuno de la mente.
Yen Hui dijo: — Antes de escuchar esto, estaba seguro de ser Hui. Pero ahora que lo he escuchado, ya no hay más Hui. ¿Puede esto llamarse vacío?

— Eso es todo —dijo Confucio—. Ahora te diré. Puedes ir y jugar en su jaula para pájaros, pero no ser jamás conmovido por la fama. Si él escucha, canta; si no, mantente quieto. No tengas puerta ni aberturas (5), pero haz de la unidad tu casa y vive con lo que no puede evitarse. Entonces estarás cerca del éxito. Es fácil dejar de caminar; lo difícil es caminar sin tocar el suelo. Es fácil engañar cuando trabajas para los hombres, pero difícil cuando trabajas para el Cielo. Habrás oído acerca de volar con alas, pero nunca habrás oído acerca de volar sin ellas. Habrás oído acerca del conocimiento que conoce, pero nunca habrás oído acerca del conocimiento que no conoce. Mira en el interior de esa habitación cerrada, ¡la cámara vacía donde nace la luminosidad! La fortuna y la bendición se recogen donde hay quietud. Pero no quedarte quieto es lo que se llama sentarse pero estar corriendo. (6) Deja que tus ojos y oídos se comuniquen con lo que está adentro, y pon mente y conocimiento en el afuera. ¡Entonces, hasta los dioses y los espíritus vendrán a morar, sin mencionar a los hombres! Este es el cambio de los diez mil seres, la unión entre Yü y Shun, la práctica constante de Fu Hsi y Chi Ch’ü (7). ¡Cuánto más debería ser una regla para los hombres menores!

Tzu-kao, duque de She (8), enviado en misión a Ch’i, consultó a Confucio:

— El rey me está enviando en una misión importante. Ch’i probablemente me tratará con gran honor pero no se apresurará a hacer nada más. Ni un plebeyo puede ser forzado a actuar, mucho menos uno de los señores feudales. Estoy muy preocupado por ello. Una vez me dijiste “ En todos los asuntos, sean pequeños o grandes, pocos hombres llegan a una feliz conclusión si no es a través del Tao. Si no triunfas, estarás destinado a sufrir el juicio de los hombres. Si triunfas, estarás destinado a sufrir por el yin y el yang (9). No sufrir daño alguno, tengas o no tengas éxito: sólo un hombre con virtud puede lograrlo. Y yo soy un hombre que come comidas sencillas cocinadas simplemente, para que nadie se queje jamás del calor en mi cocina (10) Sin embargo esta mañana recibí mis órdenes del rey y esta noche ya estoy tragando agua helada. ¿Crees que habré desarrollado algún tipo de fiebre interna? Aún no he ido a Ch’i para ver cómo está la situación y ya estoy sufriendo a causa del yin y el yang. Y si no triunfo, estoy destinado a sufrir el juicio de los hombres. Tendré ambas preocupaciones. Como ministro, no soy capaz de llevar adelante esta misión. Pero quizá tengas algún consejo para darme…

Confucio dijo: — En el mundo hay dos decretos; uno es el destino y el otro es la obligación (11). Que un hijo ame a sus padres es destino: no es posible borrar eso de su corazón. Que un súbdito deba servir a su soberano es obligación: no hay lugar adonde pueda ir y estar sin su soberano, no hay lugar al que pueda escapar entre el cielo y la tierra. Estos son los grandes decretos. Por lo tanto, servir a tus padres y estar satisfecho de seguirlos por doquier, ésa es la perfección de la piedad filial. Servir a tu soberano y estar satisfecho de hacer cualquier cosa por él, ésta es la cumbre de la lealtad. Y servir a tu propia mente para que ni la tristeza ni la alegría se bamboleen o se alteren; comprender aquello sobre lo que nada puedes hacer y estar satisfecho con ello como con el destino, ésta es la perfección de la virtud. Como súbdito y como hijo, estás destinado a encontrar cosas que no puedes evitar. Si actúas de acuerdo con el estado de las cosas y te olvidas de ti, luego ¿qué lugar tendrás para amar la vida y odiar la muerte? Actúa de esta manera y estarás bien.

Quiero contarte algo que he aprendido. En todas las relaciones humanas, si ambas partes viven cerca una de la otra, pueden formar un lazo a través de la mutua confianza. Pero si están lejos, deben usar palabras para comunicar su lealtad y las palabras deberán ser transmitidas por alguien. Transmitir palabras que sean agradables para ambas partes o irritantes para ambas partes, es una de las cosas más difíciles del mundo. Cuando ambas partes están contentas, es seguro que hay alguna exageración de los puntos a favor; y cuando ambas partes se enojan, es seguro que hay una exageración de los puntos en contra. Todo lo que huele a exageración es irresponsable. Cuando hay irresponsabilidad, nadie confiará en lo dicho, y cuando eso sucede, el hombre que transmite las palabras estará en peligro. Por lo tanto el aforismo dice: “Transmite los hechos establecidos, no transmitas palabras de exageración.” Si haces eso, probablemente saldrás bien parado.

Cuando los hombres se juntan para comparar su fortaleza con juegos de habilidad, comienzan con un humor liviano y amistoso, pero con frecuencia terminan con otro oscuro e iracundo, y si continúan por mucho tiempo empiezan a recurrir a diversas trampas solapadas. Cuando los hombres se encuentran en alguna ceremonia para beber, todo se inicia de un modo ordenado, pero con frecuencia acaba en desorden, y si continúan por mucho tiempo empiezan a complacerse con divertimentos irregulares. Es lo mismo con todas las cosas. Lo que empieza siendo sincero en general acaba siendo embustero. Lo que era simple al comienzo, adquiere proporciones monstruosas al final.

Las palabras son como el viento y las olas; las acciones son una cuestión de ganancia y pérdida. El viento y las olas se mueven fácilmente; las cuestiones de ganancia y pérdida llevan al peligro. De allí que la ira no surja sino de palabras inteligentes y de discursos tendenciosos. Cuando los animales se enfrentan a la muerte, no les preocupa qué clase de gritos dan; su respiración se agita y nace una salvaje ferocidad en sus corazones. También los hombres, cuando se los presiona demasiado, estarán proclives a contestar con sus corazones malhumorados, aunque no sepan por qué lo hacen. Si ni ellos saben por qué se comportan así, ¿entonces quién sabe dónde terminará?

Por lo tanto el aforismo dice: “No te desvíes de tus órdenes; no presiones para el fin”. Ir más allá del límite es exceso; desviarse de las órdenes o presionar para el fin es algo peligroso. Llegar a un buen fin lleva largo tiempo; un mal fin no puede cambiarse más tarde. ¿Puedes permitirte ser descuidado? Simplemente sigue las cosas y deja que tu mente se mueva libremente. Resígnate a lo que no puede evitarse y nutre lo que está en tu interior; esto es lo mejor. ¿Qué más tienes que hacer para cumplir tu misión? Nada es tan bueno como seguir las órdenes (obedecer al destino). ¡Así de difícil es! (12)

Yen Ho, que había sido nombrado tutor del príncipe heredero, hijo del Duque Ling de Wei, fue a consultar a Ch’ü Po-yü (13): — Aquí está este hombre, carente de virtud por naturaleza. Si lo dejo continuar con su indisciplina, pondré en peligro al estado. Si trato de imponerle alguna ley, pondré en peligro mi propia persona. Sabe lo suficiente para reconocer las faltas de los otros, pero desconoce las suyas propias. ¿Qué puedo hacer con un hombre así?

—Muy buena pregunta —dijo Ch’ü Po- Yü—. ¡Ten cuidado, mantente en guardia, y asegúrate que tú mismo estés en lo correcto! En tus acciones es mejor seguirlo y en tu mente es mejor armonizar con él. Sin embargo, estos dos cursos de acción revisten ciertos peligros. Aunque lo sigas, no querrás verte involucrado en sus actos, y aunque armonices, no querrás alejarte demasiado. Si en tus acciones lo sigues hasta el punto en que te ves involucrado en sus actos, serás derrocado, destruido, eliminado y obligado a arrodillarte. Si en tu mente armonizas hasta el punto en que te alejas demasiado, hablarán de ti, te nombrarán, te culparán y te condenarán. Si quiere ser un niño, sé un niño con él. Si quiere seguir caminos erráticos, sigue caminos erráticos con él. Si quiere ser descuidado, sé descuidado con él. Compréndelo cabalmente, y llévalo al punto en que no cometa falta. (14)

¿No has oído hablar de la mantis religiosa que agitaba sus patas con rabia frente al carro que se acercaba, inconsciente de que era incapaz de detenerlo? Tal era la elevada opinión que tenía de sus talentos. ¡Ten cuidado, mantente en guardia! Si lo ofendes haciendo alarde de tu cúmulo de talentos, ¡estarás en peligro!

¿No sabes cómo procede el domador de tigres? No osa darle al tigre nada vivo para comer por miedo de que aprenda el gusto de la furia al matarlo. No osa darle nada entero para comer por miedo de que aprenda el gusto de la furia al despedazarlo. Evalúa el estado de apetito del tigre y comprende cabalmente su disposición feroz. Los tigres son una raza diferente de la de los hombres, sin embargo es posible entrenarlos para que sean suaves con sus cuidadores, siguiéndolos. Los hombres muertos por ellos son los que se les oponen.

El amante de los caballos usará una buena caja para recolectar su bosta y una almeja gigante para recoger su orina. Pero si un mosquito o una mosca se posa sobre el caballo y el hombre se los espanta en mal momento, el caballo romperá los frenos, le destrozará la cabeza y le pateará el pecho. El amante de los caballos trata de pensar en todo, pero su afecto lo lleva al error. ¿Puedes permitirte ser descuidado?

***

El carpintero Shih fue a Ch’i y cuando llegó a Caña Torcida, vio un roble dentado junto a un templete del pueblo. Era tan ancho como para cobijar varios miles de bueyes y medía cien varas de circunferencia, sobresaliendo por encima de las colinas. Las ramas más bajas se elevaban a ochenta pies del suelo, y una docena de ellas podrían haberse convertido en botes. Había tantos visitantes que el lugar parecía una feria, pero el carpintero ni siquiera echó un vistazo y siguió su camino sin detenerse. Su aprendiz lo observó un largo rato y luego corrió detrás del carpintero Shih y le dijo: — Desde que levanté mi hacha por primera vez y te seguí, maestro, nunca vi madera más hermosa que ésta. Pero ni te molestas en mirar y sigues adelante sin detenerte. ¿Por qué?

— ¡Olvídalo, no digas más nada! —dijo el carpintero—. ¡Es un árbol inútil! Haz botes de él y se hundirán; haz ataúdes y se pudrirán de inmediato; haz vasijas y se partirán. Úsalo para puertas y chorrearán savia como si fueran pino; úsalo para postes y los gusanos se los comerán. No es un árbol con madera útil, no puede usarse para nada. ¡Así es como llegó a ser tan viejo!.

Cuando el carpintero Shih regresó a su casa, el roble se le apareció en un sueño y le dijo: —¿Con qué me estás comparando? ¿Me comparas con esos árboles útiles? El cerezo, el peral, el naranjo, el limonero, el resto de los árboles y arbustos frutales, tan pronto como sus frutos están maduros, son despedazados y sometidos a abuso. Les cortan sus grandes ramas, les estropean las pequeñas. Su utilidad torna sus vidas miserables, y así no pueden llegar al final de sus días. El Cielo se los otorgó, pero luego se los arrebata a mitad de viaje. Ellos mismos han atraído el forcejeo y el daño de la plebe. Y es lo mismo con todas las demás cosas.

En cuanto a mí, desde hace mucho que vengo tratando de no servir para nada, y aunque casi he muerto, finalmente lo he logrado. Ello es de gran utilidad para mí. Si hubiese servido para algo, ¿habría podido crecer tanto? Es más, tanto yo como tú somos cosas. ¿Cuál es el sentido de esto: que las cosas condenen a las cosas? Tú, un hombre inútil a punto de morir, ¿cómo sabes que soy un árbol inútil?

Cuando el carpintero Shih se despertó, relató su sueño. Su aprendiz le dijo: — Si está tan dedicado a no ser de utilidad alguna, ¿qué está haciendo allí, junto al templete del pueblo? (15)

— ¡Shhh! No digas más nada! Sólo está descansando allí. Si nos quejamos y lo criticamos, acabará pensando simplemente que no lo comprendemos. Aún si no estuviera en el templete, ¿supones que lo cortarían? Se protege de una manera distinta que la gente común. Si tratas de juzgarlo con parámetros convencionales, ¡estarás muy lejos de la verdad!

Tzu-ch’i de Nan-po estaba paseando por la Colina de Shang cuando vio un árbol enorme, diferente del resto. Mil carros con sus caballos podrían haberse refugiado bajo su copa y su sombra los habría cubierto a todos. Tzu-ch’i dijo: —¿Qué árbol es éste? ¡Ciertamente debe de tener alguna utilidad extraordinaria! Pero, al mirar hacia arriba, vio que las ramas más pequeñas estaban deformadas y torcidas, inservibles para vigas y machimbre, y al mirar más abajo, vio que el tronco estaba carcomido y podrido y no podía usarse para ataúdes. Al lamer una de sus hojas se le llagó e inflamó la boca. Aspiró su olor y era suficiente para dejar a un hombre borracho por tres días.

—Se convierte en un árbol completamente inutilizable —dijo Tzu-ch’i—, así es como ha podido llegar a semejante tamaño. ¡Ajá! ¡Es de esta inutilidad que se sirve el Hombre Santo!

La región del Ching-shih en Sung es buena para cultivar catalpas, cipreses y moreras. Pero los que llegan a medir más de una o dos brazas de grosor son talados para la gente que quiere ramas para monos; las que superan las tres o cuatro se cortan para los postes de techos altos (16); y los de siete u ocho se talan para las familias de los nobles o de los ricos mercaderes que quieren laterales para sus ataúdes. Entonces nunca llegan a vivir los años que el Cielo les ha dado, sino que son cortados por hachas a mitad del viaje. Este es el peligro de ser útil. En el sacrificio Chieh (17), los bueyes con frentes blancas, los cerdos con los hocicos hacia arriba y los hombres con hemorroides no pueden convertirse en ofrenda para el río. Esto es algo que saben todos los chamanes, y por lo tanto son consideradas criaturas pocos propicias. Por la misma razón, el Hombre Santo las considera altamente auspiciosas.

Tenemos al Tullido Shu con su mentón pegado al ombligo, los hombros por arriba de su cabeza, la coleta apuntando al cielo, con los cinco órganos arriba y los muslos apretándole las costillas. Cosiendo y lavando gana lo suficiente para llenar su boca; manejando una zaranda y aventando el grano, saca lo suficiente como para alimentar a diez personas. Cuando las autoridades convocan para la milicia, él levanta su mano entre la muchedumbre como despedida; cuando se arma un grupo de trabajo, lo saltean porque es un inválido crónico. Y cuando distribuyen grano para los enfermos, recibe tres medidas y diez hatos de leña. Con un cuerpo tullido, aún puede cuidarse y completar los años que el Cielo le ha dado. ¡Cuánto más entonces, si su virtud fuera tullida!

Cuando Confucio visitó Ch’u, Chieh Yü, el loco de Ch’u, paseaba ante las puertas gritando: — ¡Fénix, fénix, cómo falló su virtud! No puedes esperar el futuro; no puedes perseguir el pasado. Cuando el mundo tiene al Tao, el sabio sobrevive. En épocas como la presente, a gatas si escapamos de la penalidad. La buena suerte es liviana como una pluma, pero nadie sabe cómo sostenerla. La desgracia es pesada como la tierra, pero nadie sabe cómo salirse de su camino. ¡Déjalo ya! ¡Deja de enseñar virtud a los hombres! ¡Peligroso, peligroso, marcar el terreno y correr! ¡Tonto, tonto, no arruines mi caminata! Camino de modo torcido, no me pises el pie. Los árboles de la montaña se infligen un daño; la grasa de la antorcha se quema. La canela puede comerse, por eso la cortan; el árbol de la laca puede usarse, entonces lo cortan en trozos. ¡Todos los hombres conocen la utilidad de lo útil, pero nadie conoce la utilidad de lo inútil! (18)

NOTAS

(1) Yen Hui fue el discípulo dilecto de Confucio. A lo largo de este capítulo Chuang-tzu se refiere a varias figuras históricas, muchas de las cuales aparecen en las Analectas, si bien los discursos y anécdotas que inventa para ellos no tienen nada que ver con la historia. Volver al texto

(2) Omitiendo el kuo, como lo hace Hsi T’ung. Pero hay muchas otras interpretaciones de esta frase peculiar. Volver al texto

(3) Sigo a ma Hsü-lun tomando esta frase como si se refiriera a Yen Hui. La interpretación más antigua de Kuo Hsiang dice: —Él (el soberano de Wei) presenta un gran espectáculo exterior y es muy arrogante; su expresión no está nunca fija, y los hombres comunes no intentan oponérsele”. Volver al texto

(4) No la mente natural o “dada”, sino la mente que hace distinciones artificiales. Volver al texto

(5) Siguiendo a Chang Ping-lin, leo tou en lugar de tu. Volver al texto

(6) El cuerpo se sienta pero la mente sigue corriendo. Volver al texto

(7) Míticos soberanos sabios. Volver al texto

(8) Un alto ministro de Ch’u y pariente del rey. Volver al texto

(9) La excitación y la preocupación por el éxito romperán el equilibrio entre yin y yang dentro del cuerpo y serán la causa de enfermedades. Volver al texto

(10) La última parte de la oración es casi ininteligible y la traducción, tentativa. La interpretación de Legge es ingeniosa aunque algo forzada: “En mi dieta, como lo rudimentario y no busco exquisiteces: un hombre cuyas cacerolas no le piden que use bebidas refrescantes”. Volver al texto

(11) Yi, traducido en otros lugares como “equidad”. Volver al texto

(12) La frase chih ming puede interpretarse como “siguiendo órdenes” o como “obedeciendo al destino”, y es muy probable que se hayan querido dar ambos significados. Como para Chuang Tzu obedecer al destino es algo muy fácil de hacer, la última parte de la oración es irónica. A lo largo de todo este pasaje Confucio, mientras parece estar dando consejos acerca de cómo llevar a cabo una misión diplomática, en realidad está enunciando el código de Chuang Tzu para una conducta exitosa en general. Volver al texto

(13) Yen Ho fue un erudito de Lu, Ch’ü Po-yü fue un ministro de Wei. El príncipe heredero es el notable K’uai-k’uei, forzado a huir de Wei porque complotó para matar a su madre. Regresó al reino y tomó el trono en manos de su hijo en el 481 a.C. Volver al texto

(14) Waley (Three Ways of Thought in Ancient China, p.109) traduce: “Y si lo pruebas, hazlo en una parte donde su piel no esté inflamada”, interpretando el verbo ta, que yo traduje como “comprender cabalmente”, a la luz de la acupuntura. Volver al texto

(15) El templete, o altar de la tierra, se situaba siempre en un bosquecillo de hermosos árboles. Por lo tanto el roble servía un propósito al dar un aire de santidad al lugar. Volver al texto

(16) Siguiendo a Ma Hsü-lun, leo mien (techo) en lugar de ming. Volver al texto

(17) Probablemente un sacrificio primaveral para “deshacerse (chieh)de los pecados”, aunque hay otras interpretaciones. Se hacían sacrificios de animales, y a veces de seres humanos al Señor del Río, el dios del Río Amarillo. Volver al texto

(18) Chuang Tzu basa este pasaje en una anécdota y canción similares sobre el loco Chieh Yü en Analectas XVIII, 5. Volver al texto


 

ÍNDICE CAPÍTULOS

Taoismo

 

 

 

 

 

Capítulo V

 

EL SIGNO DE LA

COMPLETA VIRTUD

En Lu había un hombre llamado Wang Tai a quien le habían cortado un pie (1). Tenía tantos seguidores a su alrededor como Confucio.

Ch’ang Chi le preguntó a Confucio: — Este Wang T’ai que perdió un pie, ¿cómo hace para dividirse Lu contigo, maestro, y lograr que la mitad lo siga? No se pone de pie y enseña, no se sienta y discute, sin embargo la gente va a él vacía y regresa a su hogar, plena. ¿Tiene en realidad alguna enseñanza sin palabras, alguna manera sin forma de completar la mente? ¿Qué tipo de hombre es?

Confucio dijo: — Este caballero es un sabio. Simplemente me he retardado y aún no he ido a verlo. Pero si yo voy a verlo como mi maestro, ¡cuánto más deberían hacerlo aquellos que no son mis iguales! ¿Por qué sólo el estado de Lu? ¡Traeré al mundo entero conmigo y todos nos convertiremos en sus discípulos!

Ch’ang Chi dijo: — Si él ha perdido un pie y es aún superior al maestro, ¡entonces cuánto más elevado será que los hombres comunes! Un hombre así, ¿qué modo único tendrá de utilizar su mente?

Confucio dijo: — La vida y la muerte son grandes asuntos, y sin embargo no son un cambio para él. Aunque el cielo y la tierra se den vuelta y se caigan, esto no es una pérdida para él. El ve claramente en lo que no tiene falsedad y no muta con las cosas. Considera que es el destino que las cosas cambien, y se aferra a la fuente.

—¿Qué quieres decir con esto? —preguntó Ch’ang Chi.

Confucio dijo: — Si los miras desde el punto de vista de sus diferencias, entonces hay hígado y páncreas, Ch’u y Yüeh. Pero si los miras desde el punto de vista de su similitud, entonces los diez mil seres son todos uno. Un hombre así no sabe qué deben aprobar sus oídos o sus ojos- él deja que su mente juegue en la armonía de la virtud. En cuanto a las cosas, las ve como una y no ve su pérdida. Considera la pérdida de un pie como un cascote de tierra arrojado.

Ch’ang Chi dijo: — Del modo como lo hace, usa su conocimiento para alcanzar su mente, y usa su mente para alcanzar su mente constante. ¿Por qué las cosas se reúnen a su alrededor?

Confucio dijo, —Los hombres no se reflejan en el agua que corre; se reflejan en el agua quieta. Sólo lo que está quieto puede aquietar la quietud de otras cosas. De aquellos que reciben la vida de la tierra, el pino y el ciprés son los mejores: permanecen tan verdes como siempre en invierno como en verano. De aquellos que reciben la vida del cielo, Yao y Shun son los mejores: se yerguen a la cabeza de los diez mil seres. Afortunadamente pudieron ordenar sus vidas, y por lo tanto ordenar las vidas de otras cosas. Prueba de que un hombre se está aferrando a su comienzo es el hecho de su falta de miedo. Un soldado valiente se lanzará solo en medio de nueve ejércitos. Busca fama y puede llegar a esto. Cuanto más entonces, será posible para un hombre que gobierna el Cielo y la tierra, almacena los diez mil seres, deja que las seis partes de su cuerpo (2) sean sólo una morada, hace de sus oídos y de sus ojos meros adornos, unifica el conocimiento de lo que sabe, y en su mente nunca saborea la muerte. Pronto elegirá el día y ascenderá muy alto. Los hombres pueden convertirse en sus discípulos, pero ¿cómo podría él desear molestarse en esas cosas?

Shen-t’u Chia, que había perdido un pie, estaba estudiando bajo Po-hun Wu-jen junto a Tzu-ch’an de Cheng (3). Tzu-ch’an le dijo a Shen-t’u Chia:

— Si yo salgo primero, quédate, y si tú sales primero, me quedo yo.
Al día siguiente ambos estaban nuevamente sentados en la misma estera de la misma sala. Tzu-ch’an le dijo a Shen-t’u Chia: — ¡Si salgo primero, quédate, y si tú sales primero, me quedo yo! Ahora saldré yo. ¿Te quedarás o no? Cuando ves un primer ministro, ni siquiera lo dejas pasar. ¿Te crees igual a un primer ministro?

Shen-t’u Chia dijo: — Puertas adentro de la casa del Maestro, ¿hay algo parecido a un primer ministro? Tú te deleitas en ser primer ministro y en empujar a la gente detrás de ti. Pero yo he escuchado que si un espejo es brillante, el polvo no se acumula en él; si el polvo se acumula, entonces no es realmente brillante. Cuando vivas rodeado por hombres valiosos durante largo tiempo, estarás libre de faltas. Consideras al Maestro un gran hombre, y sin embargo hablas de este modo. Eso no está bien, ¿verdad?

Tzu-ch’