Desde que era pequeña me ha interesado conocer el mundo, con sus luces y sus sombras. Mirar hacia fuera, pero también descubrir los misterios del mundo interior. He tenido la suerte de haberme educado en un ambiente artístico y creativo, sensible, muy cercano a la naturaleza, y de poder buscar la forma de expresar lo que sentía a través del movimiento y otras herramientas artísticas y energéticas.

Tomé clases de danza clásica y contemporánea para experimentar con el cuerpo e investigué acerca de los efectos profundos que me producía física y psíquicamente la energía que se despierta. La danza es un medio poderoso para conocerse, relacionarse y expresarse.

Más adelante experimenté con el Yoga, en especial con el Iyengar. Mi madre impartía clases de Yoga y no tardé mucho en sentir curiosidad por él. Luego trabajé con una profesora motivadora que me puso en contacto con su filosofía y práctica.

Después de dos años practicando, tomé contacto con el Qigong y más tarde con el Taiji Quan. Entonces comencé a encontrar muchas respuestas acerca de las fuertes sensaciones que tenía durante la práctica. Ante mí se abrió un campo de investigación que cada día se expande más, una fuente de riqueza y de fuerza que me ha ayudado a pasar las tormentas que se presentan en la vida, una apertura a un conocimiento antiguo que apenas comienzo a descubrir. Me apasioné lo suficiente como para dedicarme por completo a ello y cuando mis profesores consideraron conveniente, compartir estas experiencias con otras personas, es decir, enseñar. Antes de eso hay que practicar mucho y experimentar sinceramente, el profesor te da las pistas, pero tú debes buscar las claves por tí mismo, encontrar el camino y no dejar de andar, descubrir...

En Qigong he tenido la suerte de trabajar largo tiempo con Wang Fengming, Alain Baudet e Yves Requena, este último en su formación para profesores. Con ellos he aprendido estructura corporal, dinámica de la circulación energética y rudimentos de osteopatía. Wang me ha enseñado, sobre todo, el método de alquimia interna, percusión y Qigong con palos cortos. También he trabajado con Yang Jwing-Ming, un hombre que sabe hacer llegar con claridad los conceptos chinos a los occidentales.

En Taiji Quan tuve mucha suerte también con mis profesores, porque desde el principio me mostraron todos sus aspectos y pude sentar así una buena base. Comencé con Alain Baudet la forma de síntesis de Chen Panlin, Zhen Zhong, basada sobre todo en el estilo Yang. Después, cuatro años de estilo Chen con Liang Puwan, con el Círculo del Retiro de Madrid, incluyendo la forma de espada. Con Liang, también estudio Yang, la forma de Pekín y la de 85 movimientos. He podido trabajar en cursos con Fu Shenyuan, estilo Yang, con Sam Tam de Yiquan, y con Wang Fengming la forma de 24 de Hun Yuan, tuishou y Palo largo.

El Qigong y el Taiji Quan me han llevado, junto a Luis Soldevila, a crear la revista "Tai Chi Chuan, artes y estilos internos", dedicada a las artes marciales internas chinas. Gracias a ella estamos aprendiendo muchísimas cosas. Es un lujo poder entrevistar y ver trabajar a grandes maestros como Chen Xiaowang, Wang Xian, Chen Zhenglei, Fu Shenyuan, Yang Jwing-Ming, Sam Tam, Jan Diepersloot, Fernando Chedel... y muchos más. Hay una frase de T.T. Liang que dice: "lo mejor del Taichi son los amigos del Taichi". Para nosotros es un honor poder contar con el apoyo y la colaboración de tantos amigos que llevan años investigando y cuyo trabajo es muy valioso.

También me interesé por la terapéutica, hice los tres niveles Reiki del sistema Usui con Glenn Jonathans, una mujer maravillosa, y después estudié la formación de terapeutas de Shiatsu, en la Escuela Europea de Shiatsu, Málaga. Siempre he tenido sensibilidad para la energía y deseaba ayudar a otros a equilibrarse. El camino de la sanación se está completando actualmente con el estudio de la Medicina Tradicional China, que encuentro apasionante.

Descubrir el pensamiento taoísta y ver su aplicación en las artes marciales y en la pintura o la caligrafía, ha cambiado totalmente mi manera de ver el mundo...

Creo que cada buscador tiene su propio camino, válido siempre que le permita investigar y crecer. Las necesidades vitales que nos llevan a completar nuestra práctica con esta u otra experiencia, son impulsos propios de cada cual. Incluso el hecho de servirnos una taza de té o de fregar los platos, como dice Thich Nhat Hanh, puede convertirse en una vía de meditación y reflexión. Por eso uno debe centrarse en lo que vale para él, escuchar los cambios que le dicta el corazón y seguirlos.

Os deseo luz y buena práctica.

 

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